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Respirar humo de tabaco también enferma. Aunque no se fume, la exposición al humo ajeno aumenta el riesgo de cáncer, enfermedades respiratorias y problemas cardiovasculares. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), mueren 7 millones de personas al año a causa del tabaco y de estas, aproximadamente 1,6 millones a causa del humo de segunda mano.
La creación de espacios sin humo y la prohibición de fumar en espacios comunitarios ha sido uno de los principales desafíos de salud pública en el abordaje del tabaquismo en los últimos años.
Con la aparición de los nuevos productos para fumar tabaco y nicotina (cigarrillos electrónicos o los productos de tabaco calentado), además, se han planteado nuevos retos, como la necesidad de equiparar a nivel regulatorio a estos con el tabaco tradicional.
Por esta razón, resulta una prioridad avanzar en la regulación de estos espacios, integrando en la prohibición al tabaquismo en todas sus formas, para proteger la salud de la población frente al desarrollo de enfermedades, entre ellas, el cáncer.
En el año 2005 entró en vigor el Convenio Marco para el Control del Tabaquismo (CMCT) en el que se plasman medidas de salud pública para combatir el tabaquismo que han demostrado, según la evidencia, ser efectivas para combatir esta epidemia. En el artículo 8 de este convenio, aparece la referencia a la obligación de garantizar la protección de la población en lugares de trabajo, espacios públicos cerrados y transporte, promoviendo la creación de espacios 100% libres de humo, alegando que no existe una exposición segura al humo del tabaco.
Según el Informe sobre la epidemia mundial de tabaquismo 2025 de la OMS, las políticas de control del tabaco (donde se incluyen los espacios sin humo), protegen en la actualidad a 6.100 millones de personas, es decir, tres cuartas partes de la población mundial. Estos datos reflejan el impacto real de las medidas definidas en el CMCT y el paquete MPOWER, especialmente aquellas dirigidas a proteger a la población de la exposición al humo en espacios públicos.
Humo de segunda mano
El humo de segunda mano, también llamado humo ambiental del tabaco es una mezcla de dos tipos de humo: el humo de corriente principal, que es el exhalado por el fumador una vez lo ha inhalado, y el humo de corriente lateral, que proviene del extremo encendido de un cigarrillo.
No solo el humo afecta a la persona que fuma. El humo de segunda mano contiene más de 7,000 sustancias químicas, de las cuales alrededor de 70 son carcinógenas y muchas otras son tóxicas para la salud.
La evidencia ha demostrado que este provoca:
- Cáncer de pulmón en personas no fumadoras expuestas.
- Cáncer de laringe, cavidad nasal o mama.
- Cáncer en niños de madres expuestas en el embarazo, como leucemia, cáncer cerebral o linfomas.
- Enfermedades respiratorias graves y empeora las existentes.
- Enfermedades cardiacas.
La exposición al humo de segunda mano en espacios interiores, como en el hogar, el lugar de trabajo o el coche, supone un riesgo especialmente elevado para la salud. En estos espacios, el humo puede llegar a concentrarse en altas cantidades, siendo difícil eliminarlo por completo. Esto incrementa la inhalación de sustancias tóxicas por parte de personas no fumadoras, muchas de ellas especialmente sensibles como niños, ancianos o enfermos.
Se ha comprobado que, ni la ventilación consigue eliminar completamente estos contaminantes del interior de los hogares, del coche o del lugar de trabajo, por lo que incluso exposiciones aparentemente breves pueden resultar perjudiciales.
Además, el consumo de tabaco también puede generar el conocido como humo de tercera mano, que hace referencia a las sustancias tóxicas que se depositan encima de las superficies como muebles, ropa, cortinas, utensilios u otras superficies, y que pueden ingerirse, inhalarse o manipularse por contacto con la piel y resultar dañinas para el organismo. Esto puede resultar especialmente peligroso en el caso, por ejemplo, de los niños más pequeños.
Por esta razón, garantizar entornos libres de humo en interiores es una medida clave, no solo para proteger la salud y prevenir enfermedades graves como el cáncer.
El vapeo no es algo inocuo
El vaper o cigarrillo electrónico se promociona como una alternativa más segura y menos dañina que el tabaco tradicional, pero ya se ha demostrado que, fumar este tipo de productos, origina un daño grave para la salud que no debemos obviar, como la EVALI, lesión pulmonar directamente generada por el vapeo, también enfermedades orales que pueden afectar a dientes o encías, o arritmias, entre otras.
Los cigarrillos electrónicos generan aerosoles que contienen sustancias carcinógenas como el formaldehído, nitrosaminas, benceno o metales pesados como el cromo, que afectan no solo a la persona que los consume, sino también a la población expuesta a este aerosol ambiental.
La importancia de implementar políticas públicas
La política sobre espacios sin humo, respaldada por la OMS, ha demostrado ser una de las acciones que mayor efectividad ha demostrado para reducir el consumo de tabaco debido a:
- Protección de la salud pública: No existe un nivel seguro de consumo de tabaco, por tanto, se reduce el riesgo de enfermedades vinculadas al consumo de tabaco y se protege a los grupos más vulnerables frente al daño.
- Reducción del consumo: Resulta un incentivo para la cesación o disminución del consumo de tabaco en fumadores. De manera indirecta, los jóvenes están menos expuestos al tabaquismo, desnormalizando el hábito, lo que reduce las posibilidades de que estos empiecen a fumar.
- Beneficios ambientales y sociales: Genera un impacto positivo en la reducción de residuos vinculados al tabaco como las colillas, pilas o dispositivos, y disminuye el riesgo de incendio. Desnormaliza el consumo, al haber menos exposición, existe menor aceptación social a fumar en espacios públicos.
- Impacto económico y social: Mejora de la calidad del aire, garantizando espacios limpios y libres de tóxicos, esto ha demostrado impactar positivamente a la hostelería, mejorando la economía y la estabilidad en el sector hostelero.
En España recientemente, se ha planteado una reforma de la Ley de tabaco, en esta nueva propuesta se plantea:
- La ampliación de espacios sin humo a terrazas, estaciones de transportes, campus universitarios abiertos y otros espacios al aire libre de uso colectivo no incluidos en la última modificación de ley.
- Que los nuevos productos como los cigarrillos electrónicos sean equiparados al tabaco tradicional, y, por tanto, no esté permitido vapear en espacios donde tampoco lo esté fumar.
- Proteger a la población, especialmente a la más joven, de las estrategias de la industria, como publicidad, banalización del riesgo y normalización del consumo.
- Regulación de la venta, suministro de productos como los cigarrillos electrónicos, saquitos de nicotina o productos de tabaco calentado.
¿Qué efectos tendría sobre la salud de la población la ampliación y regulación de estos espacios?:
- Reduciría el riesgo global por cáncer, al reducir la inhalación de compuestos cancerígenos.
- Reduce la incidencia de cáncer de pulmón y otros relacionado con el tabaquismo, al tener menos exposición y menor permisividad al consumo.
- Protege a la población más vulnerable de problemas de salud en general (niños y jóvenes, mujeres embarazadas, …)
El tabaco está detrás de 1 de cada 3 muertes por cáncer, por lo que debemos trabajar por eliminar el tabaquismo y desnormalizar el consumo de tabaco al aire libre, lo que contribuirá a reducir los casos de cáncer, a generar una sociedad más saludable y sostenible a largo plazo.
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