Índice:
- ¿Existen emociones “buenas” o “malas”?
- ¿Por qué puede aparecer la rabia, frustración y el enfado?
- ¿Es bueno exigirnos estar siempre bien?
- ¿Cómo gestionar las emociones?
- ¿Cuándo buscar apoyo psicológico?
Cuando una persona se encuentra en un proceso oncológico supone muchos cambios en la vida, como asistir a las revisiones médicas o cambios físicos, entre otros. En este contexto, es habitual experimentar emociones como la rabia, la frustración o el enfado, causadas por la incertidumbre de no saber qué pasará o la sensación de pérdida de control sobre aspectos importantes de su vida.
Aunque a menudo estas emociones resultan desagradables, son respuestas humanas y comprensibles ante una situación que puede generar dudas, miedo, limitaciones y cambios inesperados. Las emociones no aparecen porque estemos afrontando mal la enfermedad, sino porque estamos viviendo una situación que supone un importante desafío personal.
¿Existen emociones “buenas” o “malas”?
Antes de empezar, es importante saber que no existen emociones “buenas” o “malas”, todas las emociones tienen una función y aportan información sobre lo que estamos viviendo. Existen emociones agradables, como la alegría, que nos ayuda a conectar con aquello que nos hace bien, pero también emociones desagradables como el miedo, la tristeza o la rabia que son igual de válidas, aunque pueden resultar incómodas.
Las emociones no son un problema en sí mismas. Son respuestas automáticas que nos ayudan a adaptarnos a lo que estamos viviendo y nos proporcionan información sobre aquello que es importante para nosotros.
El miedo nos prepara para responder ante posibles amenazas; la tristeza es una emoción natural que suele aparecer cuando vivimos una pérdida; y la rabia puede surgir cuando sentimos que algo importante para nosotros está siendo vulnerado o cuando percibimos una situación como injusta. La frustración suele aparecer cuando la realidad no coincide con lo que esperábamos o deseábamos: cuando los planes cambian, los tratamientos obligan a detener proyectos o la enfermedad impone limitaciones que escapan a nuestro control.
Todas estas emociones forman parte de nuestra capacidad de adaptación.
¿Por qué puede aparecer la rabia, frustración y el enfado?
Es habitual que, en algún momento del proceso, aparezcan preguntas como «¿por qué a mí?» o sentimientos de injusticia ante una situación que no se ha elegido. Las personas con cáncer pueden sentir estas emociones a causa de los cambios de la enfermedad, los cambios en su rutina, el no saber qué pasará en el futuro, por tener que modificar planes personales, familiares o profesionales, o por los cambios que la enfermedad puede provocar en la percepción de la propia identidad y de la imagen corporal.
Sentir estas emociones, lejos de indicar una falta de fortaleza, son emociones naturales y forman parte del proceso de adaptación a una situación compleja.
¿Es bueno exigirnos estar siempre bien?
A estas emociones se suma, además, la presión de mostrarse fuertes y optimistas en todo momento. Es importante recordar que mantener una actitud positiva constante no es una obligación ni una condición necesaria para afrontar adecuadamente la enfermedad.
Exigirnos mantener este estado emocional de forma constante puede generar precisamente el efecto contrario: sentimientos de culpa, incomprensión o soledad cuando aparece el miedo, la tristeza o el enfado.
Permitirse sentir emociones desagradables no significa resignarse ni perder la esperanza. Significa reconocer la realidad emocional del momento y tratarse con la misma comprensión que ofreceríamos a otra persona.
¿Cómo gestionar las emociones?
Aunque no podemos evitar que aparezcan determinadas emociones, sí podemos aprender a relacionarnos con ellas de una manera más saludable:
- Identifica lo que estás sintiendo y ponle nombre a la emoción.
- Recuerda que todas las emociones son válidas y cumplen una función, no es necesario evitarlas ni luchar contra ellas.
- Observa qué puede estar intentando decirte esa emoción y qué necesidad puede haber detrás (descanso, información, apoyo, seguridad, comprensión…).
- Expresa lo que sientes en un espacio seguro, con personas de confianza o profesionales.
- Recuerda que sentir rabia, frustración o enfado no te convierte en una persona negativa ni significa que estés afrontando peor la enfermedad. Es parte del proceso oncológico y estas emociones tienen una función.
- Practica la autocompasión y evita exigirte respuestas emocionales «perfectas».
- Permítete pedir ayuda cuando lo necesites.
Gestionar las emociones no significa dejar de sentirlas o conseguir que desaparezcan rápidamente. Significa aprender a reconocerlas, comprenderlas y responder a ellas de una forma que resulte útil para uno mismo
¿Cuándo buscar apoyo psicológico?
Las emociones forman parte de la adaptación al proceso oncológico y cumplen una función importante. Sin embargo, en ocasiones pueden intensificarse o mantenerse durante largos periodos de tiempo, generando un sufrimiento que dificulta el día a día, las relaciones o la capacidad para afrontar la enfermedad.
Cuando el malestar emocional resulta difícil de manejar o interfiere significativamente en la calidad de vida, el apoyo psicológico puede ofrecer herramientas para comprender lo que está ocurriendo, favorecer la adaptación y acompañar el proceso de una forma más saludable.
La rabia, la frustración y el enfado no son emociones que haya que eliminar. Podemos aprender a gestionarlas y entender que son señales que hablan de aquello que nos importa, de nuestras necesidades y de cómo estamos viviendo una situación especialmente exigente. Escucharlas, comprenderlas y darles espacio también forma parte del cuidado.
Desde la Asociación Española Contra el Cáncer queremos recordarte que no estás solo. Si sientes que necesitas ayuda para comprender y gestionar tus emociones durante o después de un proceso oncológico, llámanos gratis al 900 100 036, estamos disponibles 24 horas al día, 365 días al año, o entra en nuestra web para conocer nuestros servicios gratuitos presenciales y online.





