Índice:
- ¿Qué tipos de fatiga existen?
- ¿Qué aspectos pueden causar o empeorar la fatiga?
- ¿Qué hacer cuando aparece la fatiga?
- VÍDEO Ejercicios y herramientas prácticas
- ¿Cuándo pedir ayuda?
Expresar cómo siente cada persona la fatiga relacionada con el cáncer suele ser difícil. Las personas con cáncer suelen describir una sensación diferente al cansancio que aparece después de caminar mucho, hacer ejercicio o tener un día especialmente intenso. Puede aparecer incluso en días con poca actividad, mantenerse, aunque descanses y hacer que tareas sencillas parezcan mucho más costosas de lo habitual.
Comprender esta diferencia ayuda a reducir el impacto que genera en múltiples aspectos de la vida y la rutina de cada persona, así como a tomar mejores decisiones en el autocuidado diario.
¿Qué tipos de fatiga existen?
El cansancio muscular suele ser más fácil de reconocer. Aparece después de un esfuerzo físico concreto. Por ejemplo, tras subir escaleras, caminar más de lo habitual o hacer un ejercicio de fuerza. Se nota en los músculos que han trabajado, puede acompañarse de pesadez o agujetas, y normalmente mejora al programar descansos, sueño, alimentación e hidratación.
También puede haber cansancio relacionado con la falta de oxígeno o con una baja tolerancia cardiorrespiratoria. En estos casos, la persona puede notar que se fatiga rápido, que le cuesta respirar, que necesita parar antes o que el corazón se acelera más de lo esperado. Esto puede relacionarse con anemia, pérdida de capacidad física, tratamientos, dolor, problemas respiratorios o cardíacos, entre otros factores. Cuando aparece falta de aire desproporcionada, mareo, opresión en el pecho o palpitaciones extrañas, conviene consultar.
La fatiga relacionada con cáncer puede tener otro comportamiento. Muchas personas la describen como una sensación de falta de energía, lentitud o dificultad para empezar o acabar tareas habituales. No siempre afecta para movernos, a veces afecta a diferentes funciones. Puedes sentir que sabes lo que quieres hacer, pero tu cuerpo tarda más en responder o no afronta la actividad como antes.
Por eso, en algunos casos se habla de una fatiga central o neuromotora. Dicho de forma sencilla: no depende solo del músculo, sino también de cómo el sistema nervioso activa, coordina y mantiene el esfuerzo. No tiene que ver con falta de voluntad. Es una forma real de fatiga que puede aparecer durante el proceso oncológico o después de los tratamientos.
Uno de los aspectos más frustrantes de la fatiga relacionada con cáncer es que puede variar mucho. Un día puedes hacer una actividad con cierta tolerancia y al día siguiente notar que todo cuesta el doble.
Estos “días malos” no siempre significan que hayas retrocedido. Muchas veces son el resultado de varios factores acumulados.
¿Qué aspectos pueden causar o empeorar la fatiga?
Dormir mal puede hacer que el cuerpo empiece el día con menos margen. Si te has despertado varias veces, si has descansado pocas horas o si el sueño no ha sido reparador, es normal que toleres peor el esfuerzo.
La alimentación y la hidratación también influyen. Comer poco, tener menos apetito, náuseas, diarrea, estreñimiento, molestias digestivas o beber menos de lo habitual puede reducir la energía disponible. Si además ha habido pérdida de peso o pérdida de fuerza, el cuerpo tiene menos recursos para mantenerse activo y recuperarse.
El estado emocional también puede pesar. La preocupación mantenida, la ansiedad, la tristeza o el desánimo consumen energía y pueden hacer que el esfuerzo, el dolor u otros síntomas se vivan con más intensidad. Esto no convierte la fatiga en algo “psicológico”, pero ayuda a entender por qué algunos días el cuerpo responde peor.
También cuenta la carga total del día. Ducharse, vestirse, cocinar, ir a una cita médica, hacer gestiones, cuidar de alguien o mantener una jornada laboral son actividades que gastan energía.
¿Qué hacer cuando aparece la fatiga?
Lo primero es observar antes de exigirte. Pregúntate cómo has dormido, si has comido y bebido suficiente, si tienes más dolor, si has tenido un día emocionalmente intenso o si ayer acumulaste demasiada actividad.
Después, ajusta el día. Ajustar no significa parar todo, pero tampoco obviar el síntoma o esforzarte hasta que consigas llegar a tu máximo rendimiento.
Puede ayudarte dividir las tareas en bloques pequeños, alternar actividad y descanso, sentarte antes de llegar al límite, pedir ayuda en tareas concretas o dejar para otro momento lo que no sea urgente. Si una actividad te deja agotado durante muchas horas, quizá necesita reducirse, repartirse o hacerse de otra manera.
También es útil reservar la energía para lo que más importa. No todas las tareas tienen el mismo valor. Algunos días merece la pena gastar energía en caminar un poco, asearte con calma o salir un rato, y dejar otras cosas en segundo plano.
El movimiento suave suele ser mejor que la inmovilidad completa, siempre que no haya síntomas de alarma. Puede bastar con levantarte varias veces de la silla, caminar unos minutos, hacer movilidad suave o realizar ejercicios sencillos. En días mejores, podrás hacer algo más. En días peores, el objetivo puede ser mantener una mínima activación sin agotarte.
La regularidad suele ayudar más que los esfuerzos grandes y aislados. Muchas personas se sienten mejor cuando encuentran una dosis de actividad que pueden repetir, aunque sea pequeña, y la ajustan según el día.
En el siguiente vídeo encontrarás ejercicios sencillos y herramientas prácticas para ajustar la actividad física a tu nivel de energía y moverte con más seguridad en los días que la fatiga está más presente.
¿Cuándo pedir ayuda?
Conviene pedir ayuda si:
- Empeora de forma mantenida o si aparece de manera brusca.
- Si en tareas muy pequeñas generan un esfuerzo desproporcionado
- Notas que cada vez pierdes más fuerza.
- Aparecen mareos, dolor nuevo o intenso, falta de aire, palpitaciones extrañas, fiebre, pérdida de peso relevante, debilidad progresiva o un malestar que no reconoces como habitual.
Para síntomas de alarma o empeoramiento importante, consulta con el equipo médico. Para adaptar ejercicio, carga, ritmo, pausas y recuperación, pide ayuda a un fisioterapeuta con formación o experiencia en oncología.
Desde fisioterapia, para tratar este síntoma, el ejercicio terapéutico puede ayudar a ajustar la carga, el ritmo, las pausas y la recuperación. Y cuando el sueño, la alimentación, el estado emocional u otros síntomas están influyendo mucho, es importante compartirlo con el profesional adecuado.
La idea principal es sencilla: puedes moverte, pero no tienes que exigirte igual todos los días. Escuchar cómo responde tu cuerpo, entender qué factores están influyendo y ajustar el ritmo también forma parte del cuidado.
Desde la Asociación Española Contra el Cáncer queremos recordarte que no estás solo. Si la fatiga está limitando tu día a día o tienes dudas sobre cómo adaptar el ejercicio a tu situación, llámanos gratis al 900 100 036, estamos disponibles 24 horas al día, 365 días al año, o entra en nuestra web para recibir orientación sobre los recursos y servicios gratuitos disponibles.
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