Las bebidas alcohólicas contienen etanol, una sustancia psicoactiva y tóxica que puede originar importantes riesgos para la salud. En España, el alcohol es la sustancia psicoactiva más consumida en la población general en todos los rangos de edad. Si quieres conocer la relación que existe entre alcohol y cáncer, continúa leyendo.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año se producen 2,6 millones de muertes relacionadas con el consumo de alcohol. De esta cifra 2 millones fueron hombres y 0,6 mujeres.
Se estima que en 2021 se produjeron en España 13.887 muertes atribuibles a alcohol, la gran mayoría por cáncer o por enfermedades digestivas.
El consumo de alcohol en jóvenes es algo habitual, según la última Encuesta sobre uso de drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES), un 21,5 de los jóvenes menores de 12-13 años refiere haberlo consumido en el último mes, si lo comparamos con los mayores de 14 el resultado se sitúa en el 56,6%.
La edad media de inicio de consumo de alcohol se sitúa en los 11 años en los chicos y los 11,4 años de media en las chicas. Entre los jóvenes de 14-18 años, la edad se sitúa en ambos en los 13,9 años.
Los últimos datos indican que el 1,9% de los jóvenes menores de 12-13 años se ha emborrachado en el último mes y un 20,8% en el colectivo de 14-18 años.
La importancia del entorno
Los factores culturales y sociales influyen directamente en los niveles y hábitos de consumo de alcohol. El nivel socioeducativo, la disponibilidad de alcohol, el nivel de desarrollo económico, la aplicación y el cumplimiento de las políticas sobre el alcohol, son factores determinantes.
Existe un incremento claro de la prevalencia en los jóvenes que ven el consumo de alcohol entre sus progenitores de manera habitual.
A nivel social, el consumo de alcohol está normalizado, lo que puede llevar a banalizar la conducta y, por tanto, a tener una baja percepción de los riesgos asociados a su consumo. Los jóvenes observan el consumo en su entorno social cercano y en el ámbito familiar, lo que confiere cierta normalidad a esta conducta.
Existen múltiples recursos para ayudar a la población a abandonar la adicción al alcohol, pero también es esencial concienciar a la población de la importancia que tiene llevar unos buenos hábitos, ésta es la única medida posible para protegernos de los riesgos que puede originar su consumo sobre la salud.
Consumo de alcohol y daños para la salud
Se sabe que el consumo de alcohol provoca multitud de daños sobre la salud, es causante de más de 200 enfermedades y puede originar graves consecuencias como traumatismos o accidentes.
El consumo de alcohol entre los jóvenes aumenta la posibilidad de desarrollar dependencia o adicción al alcohol en la edad adulta. En los jóvenes es especialmente peligroso, ya que el cerebro en esta edad es muy vulnerable a los efectos del alcohol. Disminuye la capacidad de concentración, la atención, el tiempo de reacción y dificulta la toma de decisiones. Además, el consumo se relaciona con mayor existencia de conductas de riesgo como agresiones, conductas violentas, mantener relaciones sexuales no seguras o bajo rendimiento académico.
El consumo de alcohol en atracón o el binge drinking es una conducta muy habitual entre los jóvenes, asociada al hábito del “botellón”, especialmente durante el fin de semana. El objetivo es consumir la mayor cantidad de alcohol en un corto periodo de tiempo (unas 2h), normalmente 5 o más vasos.
Esta conducta produce importantes efectos sobre la salud, como intoxicaciones graves, enfermedades cardiovasculares, dependencia, alteraciones neurocognitivas y de maduración, entre otros. Pero también, sobre el entorno, con accidentes, violencia, efectos perjudiciales en el desarrollo neuronal fetal y perinatal. Cualquier ingesta de alcohol, sea consumo puntual o crónico, comporta importantes riesgos para la salud, tanto del consumidor como de su entorno.
Aunque el consumo de alcohol, incluso en niveles bajos, ya es dañino para la salud, los mayores daños vienen derivados del consumo excesivo, bien en momentos puntuales, o bien, de manera continuada.
Alcohol y cáncer
Existe una relación entre alcohol y cáncer, ya que su consumo está vinculado con la aparición de varios tipos de cáncer, entre los que se encuentran el de boca, esófago, garganta (faringe y laringe), hígado, intestino grueso (colon y recto) y mama.
La International Agency for Research on Cancer (IARC) indica que cualquier consumo de alcohol, aunque sea mínimo, incrementa el riesgo de cáncer, por lo que no hay una cantidad segura.
El alcohol está compuesto por etanol, que, para metabolizarse, se convierte en acetaldehído, que es una sustancia cancerígena declarada. Esta puede producir un daño en el ADN de las células, induciendo cambios en las mismas y aumentando el riesgo de cáncer.
El alcohol puede dañar las células hepáticas, ocasionando cirrosis, un daño cónico e irreversible para el hígado, que comienza a perder el tejido sano convirtiéndolo en tejido cicatricial, empeorando así su función. Esto, a la larga, aumenta el riesgo de infecciones, puede provocar insuficiencia hepática y aumenta el riesgo de cáncer hepático, entre otros problemas de salud.
El alcohol, también puede aumentar los niveles de hormonas, como los estrógenos, y, por tanto, el riesgo de aparición de cáncer de mama.
En este sentido, es esencial desarrollar estrategias de salud pública para concienciar a la población general sobre la relación que existe entre el alcohol y cáncer, en especial, a los jóvenes (para los que la percepción del riesgo es mucho menor), ya que el daño originado sobre su salud se provoca desde el inicio de su consumo y las consecuencias pueden ser fatales para su salud futura.





