Índice:
- El sol es más intenso en verano, ¿Por qué?
- ¿Es importante protegerse en verano?
- ¿Qué beneficios nos aporta la protección solar?
- ¿Qué es el cáncer de piel?
- ¿Qué tipos de cáncer de piel existe?
- ¿Cómo se originan los distintos tipos?
- ¿Cómo podemos prevenirlo?
En pleno verano, la radiación solar nos alcanza de forma más intensa que en otras épocas. Por ello, aunque debemos protegernos durante todo el año, la toma de medidas de protección solar en esta época del año es crítica.
El sol es más intenso en verano, ¿Por qué?
Esto se debe a que estamos expuestos a una mayor cantidad de horas a la radiación solar ultravioleta (UV), las temperaturas son más elevadas y la radiación solar nos incide de forma más perpendicular.
¿Esto que tiene que ver con la intensidad solar?
Pensemos en una linterna apuntando directamente a una pared, se hace un pequeño círculo de luz muy iluminado. Si mueves la linterna para que la luz incida de forma más lateral, el círculo de luz emitido por la linterna es más largo y menos luminoso,
Lo mismo ocurre con el sol en verano: el sol llega más alto y sus rayos caen de forma más directa a la tierra que en los meses de invierno. En invierno, el sol da de forma más lateral y, por tanto, llegan menos rayos UV a cada centímetro de nuestra piel. No obstante, aunque esta exposición es menos intensa, también es capaz de generar daño cutáneo y quemaduras solares.
¿Es importante protegerse en verano?
En los días de verano, debido a la incidencia de forma más directa del sol, la protección solar se hace indispensable.
La mayor intensidad de la radiación UV que recibimos hace que el daño que sufra nuestra piel sea mayor que en invierno. Esto nos indica que el tiempo que necesitamos tanto para sintetizar vitamina D, como para desarrollar una reacción de la piel al sol, es menor. Las reacciones eritematosas, en las cuales la piel se pone roja, así como las quemaduras, aparecen con exposiciones más cortas. Ambas reacciones son un reflejo del estrés al que está sometida la piel.
Otra de las reacciones secundarias que tiene es el oscurecimiento de la piel, llamado melanogénesis, comúnmente conocido como bronceado. Una creencia común entre la población sostiene que la adquisición de bronceado es saludable. Sin embargo, la realidad es más compleja: el bronceado es, a su vez, un intento de nuestra piel por protegerse de la radiación UV y la huella de que ha habido un daño cutáneo.
Este problema es especialmente relevante en fototipos de piel clara, en los que la piel tiene poca capacidad de bronceado. En estos casos, se produce directamente un eritema o quemadura que no evoluciona en un bronceado. Estos patrones de comportamiento frente al sol provocan daños acumulativos e irreversibles.
Este patrón de exposiciones excesivas y puntuales es muy propio del verano (en la playa, la piscina o la montaña). Las zonas de la piel más expuestas y sensibles son las que se encuentran descubiertas el resto del año y, por tanto, más propensas a desarrollar melanoma, el tipo más agresivo de cáncer de piel. Por eso, es importante proteger estas zonas del cuerpo (piernas, tronco, pecho, nuca, espalda…) y reducir así el riesgo de aparición.
Hay multitud de medidas a tomar, algunas tan sencillas como llevar sombrero, ropa que nos proteja la piel y gafas de sol o utilizar protectores solares en el formato que más cómodo nos resulte. Otra recomendación es disminuir la cantidad de radiación que nos incide, como resguardarnos en una sombra, o evitar las horas centrales del día (11:00 – 17:00 h), en las que el sol está más alto. Todo ello nos dará una mayor protección frente al sol y nos aportará múltiples beneficios.
¿Qué beneficios nos aporta la protección solar?
La protección solar nos protege de la radiación ultravioleta (UV) solar.
En concreto, la protección solar impide el envejecimiento prematuro de la piel producido por los rayos UV al degradar componentes claves en la elasticidad y turgencia de la piel, como el colágeno.
La protección solar también ayuda a prevenir la aparición de manchas cutáneas o hiperpigmentaciones. La radiación UV estimula la producción de melanina como mecanismo natural de defensa frente al daño en la piel. Cuando esta producción de melanina es excesiva o se produce de manera desigual, pueden aparecer manchas oscuras en la piel.
Finalmente, la protección solar ayuda a prevenir quemaduras solares y reduce el riesgo de desarrollar cáncer de piel. Las medidas de fotoprotección disminuyen la cantidad de radiación UV que alcanza la piel durante la exposición al sol, reduciendo el daño cutáneo, como el enrojecimiento y la inflamación. Además, limitan la acumulación progresiva de daño en las células y en su material genético, factor clave en el desarrollo de cáncer de piel.
¿Qué es el cáncer de piel?
El cáncer de piel es un tipo de cáncer que se produce en la piel, generalmente a consecuencia de la exposición al sol sin protección. A nivel global, se han registrado más de 1,5 millones de casos, según datos del GLOBOCAN.
En este tipo de cáncer las células de la piel han acumulado tal nivel de daño que no han sido capaces de repararlo, malignizándose en el proceso y comenzando a proliferar de forma no controlada.
Según de donde provenga la célula que se malignice, el tipo de cáncer de piel variará. La piel se divide en tres capas, epidermis, dermis e hipodermis (de menos a más profundas). La amplia mayoría de los cánceres de piel se forman en la epidermis.
¿Qué tipos de cáncer de piel existen?
La epidermis está formada por varios tipos de células, entre ellas destacan dos: los melanocitos y queratinocitos. Los melanocitos dan coloración a nuestra piel, mientras que los queratinocitos actúan como los ladrillos que forman la epidermis. Estos dos tipos de células dan lugar a los dos tipos principales de cáncer de piel:
- Cáncer de piel melanoma, también llamado melanoma maligno. Se origina en los melanocitos y son tumores generalmente pigmentados, moderadamente agresivos y con elevada capacidad de invadir otros tejidos y metastatizar.
- Cáncer de piel no melanoma, producido generalmente en los queratinocitos. Es menos agresivo que el melanoma, con una capacidad más limitada de invasión y metástasis. Más frecuente que el melanoma.
Los queratinocitos se disponen en cuatro estratos en orden ascendente: basal, escamoso, granuloso y córneo. En función del estrato en el que se encuentre el queratinocito malignizado, existen dos tipos principales de cáncer de piel no melanoma:
- Carcinoma de células basales o basocelular. Procede de queratinocitos del estrato basal, es el subtipo de cáncer de piel más común y el menos agresivo, con una ínfima capacidad de invadir y metastatizar.
- Carcinoma de células escamosas o espinocelular. Procede de los queratinocitos de los estratos suprabasales, usualmente el estrato escamoso. Son menos comunes, pero más agresivos que los basocelulares.
¿Cómo se originan los distintos tipos?
Aunque existen varios factores de riesgo, como el fototipo de la piel, la edad, o la exposición a otros agentes, más del 80% de los casos de melanoma y hasta el 95% de los casos de no melanoma se forman a consecuencia de la exposición a radiación UV solar. Curiosamente, el patrón de exposición solar influye en el tipo de cáncer de piel desarrollado.
En líneas generales, el cáncer de piel melanoma tiende a generarse debido a exposiciones intensas e intermitentes de radiación UV. Ejemplos de este tipo de exposición serían: estar al sol durante el mediodía en verano sin protección (por ejemplo, en la playa o la piscina) o salir de ruta durante todo el día a la montaña y no protegerse. El melanoma está estrechamente ligado con las quemaduras, especialmente con aquellas que se producen en la infancia y adolescencia. Las quemaduras aumentan de forma clara el riesgo de desarrollar cáncer de piel en la edad adulta.
Por su lado, el no melanoma tiende a generarse a consecuencia de un patrón de exposición progresiva y acumulada en el tiempo. Este tipo de cáncer es altamente frecuente en personas que se han expuesto al sol de manera continua, bien por su trabajo (agricultores, ganaderos, constructores, jardineros…) o, bien, por malas prácticas de exposición solar a lo largo de la vida.
¿Cómo podemos prevenirlo?
Una vez sabemos que el principal factor de riesgo modificable es la exposición a la radiación UV solar, debemos protegernos frente a ella.
¿Cómo lo hacemos? Como comentábamos al principio, tomando medidas de protección frente al sol:
- Utilizar diariamente protector solar de amplio espectro y factor de protección solar (FPS) 50 o superior
- Evitar exposiciones en las horas centrales del día (11:00 – 17:00 h)
- Desplazarte a zonas de sombra
- Proteger la piel y cabeza con ropa, sombrero y gafas
- Evitar el uso de camas solares
Estas medidas no solo reducen el riesgo de desarrollar cáncer de piel, sino que también contribuye a la salud de nuestra piel a largo plazo.





