Índice:
- Objetivos clínicos del ejercicio
- Efectos secundarios frecuentes y su impacto
- Prehabilitación oncológica: actuar antes para mejorar la recuperación
- La fisioterapia del suelo pélvico es clave
- Respiración y presión intraabdominal
- ¿Qué errores frecuentes conviene evitar?
- ¿Cuándo empezar?
Cada mes de noviembre se repite una tendencia: dejarse bigote. Lejos de ser un gesto puramente estético, la idea es abrir conversaciones sobre salud masculina. Pero cuando hablamos de salud pélvica y, en concreto, del cáncer de próstata, no basta con hablar ni con acumular información. Necesitamos movernos con intención, con un plan y con un propósito claro.
1.Objetivos clínicos del ejercicio
Cuando hablamos de salud pélvica y, en concreto, del cáncer de próstata, no se trata sólo de hablar, o de obtener más información, necesitamos movernos a través de la actividad física y del deporte, que puede conducir a pensamientos en torno a “ponerse en forma”. Sin embargo, en la rehabilitación y el ejercicio físico asociados al cáncer de próstata, buscamos un objetivo más ambicioso: preparar al paciente para la intervención quirúrgica, paliar los efectos secundarios de los tratamientos hormonales y reducir el riesgo de que tanto el cáncer como otras complicaciones vuelvan a aparecer en el futuro.
En España, en 2024, se diagnosticaron 34.683 casos de cáncer de próstata. Detrás de cada diagnóstico hay un proceso complejo de pruebas, decisiones y tratamientos que el paciente debe seguir y tolerar. Sin embargo, se prepara muy poco al paciente para recorrer ese camino con seguridad, en condiciones físicas y funcionales adecuadas para ser parte activa del proceso y conservar cierta sensación de control.
La paradoja es conocida: la supervivencia a cinco años ronda el 90%, una cifra que invita al optimismo, pero estar libre de enfermedad no equivale automáticamente a tener salud. La calidad de vida y la esperanza de vida dependen también del impacto indirecto de los tratamientos del cáncer de próstata: cirugía, radioterapia, quimioterapia, inmunoterapia u hormonoterapia, y, por supuesto, de los hábitos de vida. Por ello, es clave sumar a la conversación dos ámbitos que aportan aspectos positivos en el proceso: la fisioterapia y el ejercicio físico. La evidencia señala beneficios para la prevención, con reducciones del riesgo cercanas al 30%, y mejoras en la supervivencia en torno al 20% cuando ya existe el diagnóstico. Son cifras que respaldan una estrategia de rehabilitación y ejercicio físico.
2.Efectos secundarios frecuentes y su impacto
En consulta vemos con frecuencia un patrón de efectos secundarios que aparece en distintos momentos según el tratamiento.
- Tras una prostatectomía radical, la incontinencia urinaria, tanto de esfuerzo como de urgencia, es una preocupación habitual, al igual que la disfunción sexual, entendida como disminución de la capacidad de erección, cambios en la sensibilidad o dolor. También son frecuentes el dolor pélvico y la debilidad del suelo pélvico y del abdomen, lo que afecta al control postural y a la gestión del esfuerzo en actividades básicas.
- La radioterapia, por su parte, puede generar irritación vesical o rectal, dolor o ardor pélvico y una pérdida progresiva de elasticidad por fibrosis de los tejidos, con alteraciones del movimiento y de la flexibilidad que obligan a readaptar gestos y tolerancias.
- La hormonoterapia introduce su propia constelación de retos: fatiga oncológica intensa, cambios marcados en la composición corporal, con descenso de masa muscular y aumento de grasa del 38 % al 70 % de los pacientes, pérdida de densidad mineral ósea con el consiguiente riesgo de caídas, y variaciones en el estado de ánimo y en la libido.
Ninguno de estos problemas es menor. Todos pueden afectar a la autonomía, a la autoestima, a la adherencia a los tratamientos y al retorno a la vida activa. La buena noticia es que la rehabilitación oncológica cuenta con herramientas específicas para abordarlos desde el primer momento.
3.Prehabilitación oncológica: actuar antes para mejorar la recuperación
Hablamos de iniciar cuanto antes mejora la recuperación y reduce complicaciones. En otras palabras, de prehabilitación. Una palabra que empieza a sonar más familiar en el ámbito oncológico, ya que contamos con la ventaja de poder planificar con tiempo un programa de ejercicio físico que sitúe al paciente en una mejor condición con el fin de que la cirugía, la radioterapia o la terapia hormonal no pasen tanta factura.
Esto ya no es una hipótesis, se ha comprobado en diferentes programas multimodales en los cuales, previo a la cirugía de próstata, se han combinado ejercicio aeróbico (cardiovascular) y de fuerza, entrenamiento del suelo pélvico, educación en dolor y recuperación, y en algunos casos soporte nutricional y manejo del sueño. La evidencia ha resultado bastante consistente: mejora de la función física previa, mayor rapidez en la recuperación de la función urinaria y menor incidencia de complicaciones, del desacondicionamiento físico y de las alteraciones urológicas y sexuales.
4.La fisioterapia del suelo pélvico es clave
Dentro de este marco, la fisioterapia del suelo pélvico ocupa un lugar central. Tras una prostatectomía radical, el entrenamiento guiado del suelo pélvico acelera la recuperación de la continencia tanto en fases tempranas como a largo plazo y contribuye a mejorar la función sexual y la calidad de vida.
Los famosos ejercicios de Kegel por sí solos no son suficientes. La clave está en integrar la cocontracción del suelo pélvico con el diafragma y la musculatura abdominal profunda y llevar ese control a movimientos funcionales: levantarse de la silla, empujar una puerta, tirar de una banda elástica, cargar un peso o sincronizar el esfuerzo con la respiración. Cuando el músculo aprende a activarse y relajarse en el contexto real, la transferencia a la vida diaria es mucho más efectiva, la sensación de control aumenta y el pronóstico mejora.
5.Respiración y presión intraabdominal
La respiración y la presión intraabdominal merecen un capítulo propio, aunque sea breve. Aprender a gestionar el aire (cuándo inspirar, cuándo espirar, cómo sincronizarlo con el esfuerzo) puede reducir picos de presión que comprometen el suelo pélvico y, a la vez, mejorar la estabilidad del tronco. Del mismo modo, entender que la activación y la relajación son dos caras indispensables de la función pélvica ayuda a evitar el error común de “apretar siempre”, que a medio plazo puede favorecer el dolor, la rigidez y un peor control.
El entrenamiento del suelo pélvico debe incluir esa alternancia, progresar de contextos estáticos a tareas funcionales y, por último, acompañar esfuerzos moderados donde realmente se pone a prueba el sistema, especialmente en actividades de la vida diaria que demandan coordinación, resistencia y dosificación del esfuerzo.
6.¿Qué errores frecuentes conviene evitar?
Hay errores frecuentes que conviene evitar y señalar, porque ello ayuda a identificarlos y a corregirlos a tiempo.
- “Salir a andar” sin un plan, sin ritmo objetivo ni progresión, es útil, pero suele quedarse corto.
- Pensar que la fuerza “empeora” las cosas es un mito que retrasa mejoras y deja vía libre a la sarcopenia y a la fragilidad.
- Hacer ejercicios de Kegel de forma aislada sin integrarlos en movimientos reales limita el impacto del esfuerzo; entrenar demasiado y demasiado pronto, arrastrados por la impaciencia, multiplica la fatiga y el riesgo de lesión.
- Copiar rutinas sin supervisión ignora la singularidad de cada caso; esperar a terminar el tratamiento para empezar a moverse desperdicia la ventana de prehabilitación que mejor prepara al cuerpo.
En todos estos puntos, una guía profesional no solo aporta seguridad, sino que también ahorra tiempo y frustración, así como alinea la intervención con las metas que realmente importan para cada paciente.
7.¿Cuándo empezar?
Aparte de preguntarnos “¿cómo?”, nos suelen preguntar “¿cuándo?”. La respuesta es: ahora: posponer la fisioterapia y el ejercicio afecta a la recuperación y, cuanto antes se aborden la incontinencia, la disfunción sexual, la fatiga, la pérdida de masa muscular o la rigidez de tejidos, menos posibilidades hay de que se cronifiquen.
Noviembre, con su bigote simbólico, es una oportunidad para comprometerse con un plan y convertir la conversación en conducta. Concertar una evaluación funcional con fisioterapia especializada, definir un programa de prehabilitación si hay tratamientos a la vista, integrar fuerza, cardio y suelo pélvico con progresión y métricas sencillas, como el esfuerzo percibido y las repeticiones en reserva; revisar el sueño, la nutrición y el manejo del estrés, así como registrar avances de forma regular, son pasos concretos que cualquiera puede empezar a dar con la guía adecuada. Ningún síntoma es irrelevante si limita la vida, y casi siempre es más fácil tratarlo antes de que crezca.
Este mes toca recordar que hay profesionales que entienden lo que ocurre y saben cómo ayudar, y que la clave está en tender puentes y facilitar el contacto. No hay que esperar a “después” de la cirugía o del tratamiento para empezar a moverse.
Cada duda tiene explicación, cada síntoma tiene un abordaje y cada persona merece un plan adaptado a su motivación, a su capacidad y a su momento. Mejorar la condición física no sustituye ningún tratamiento médico, pero puede potenciarlo, agilizar la recuperación, aportar estabilidad y, sobre todo, devolver esa sensación de control que tanto se echa de menos cuando una enfermedad irrumpe en la vida. El mes va de movimiento con propósito, de ciencia aplicada a lo cotidiano y de recuperar el mando sobre la propia salud.
Como vemos, el ejercicio físico puede contribuir a preparar a los pacientes con cáncer de próstata para los tratamientos y también atenuar el impacto de los tratamientos. En la Asociación podemos ayudarte a acceder a estas herramientas que pueden mejorar tu calidad de vida.
No todos los recursos que ofrecemos son presenciales y pueden variar en función de la provincia. Para consultar sobre estos recursos, puedes llamar al 900 100 036, el teléfono de información contra el cáncer disponible las 24 horas del día, los siete días de la semana. También puedes escribirnos a través de nuestra web o puedes acudir directamente a alguna de las sedes de la Asociación Española Contra el Cáncer.





