El consumo de tabaco es la primera causa de muerte prevenible en España ya que es el causante de alrededor del 30% de todos los casos de cáncer y de 20 tipos de cáncer distintos. Pero esto no solo afecta a las personas que fuman ya que el humo ambiental del tabaco tanto en interiores como al aire libre también provoca cáncer, haciendo que el 43% de niños menores de 12 años estén expuestos al humo del tabaco, y que de 8 millones de personas que fallecen cada año a causa del tabaco, un millón de ellas jamás se haya encendido nunca un cigarro.

Las personas adultas conocemos los efectos nocivos del tabaco y podemos tomar, pero, pese a ello, tomamos la decisión consciente de seguir fumando. Niños y niñas, en cambio, se ven obligados a estar expuestos al humo ambiental del tabaco en multitud de situaciones.

Puede parecer que la actual legislación contra el tabaco protege a los menores, pero la realidad es que esta población siguen expuestos al humo del tabaco. En concreto, se sabe que casi el 72% de los menores de 12 años están expuestos al humo del tabaco y que, además, el 43% de ellos lo está en espacios públicos. Además, casi en el 100% de los espacios públicos al aire libre donde hay menores hay restos de humo de tabaco. Así ocurre en el 95,1% de las terrazas; en el 78,2% de las entradas de los locales de hostelería; en el 46% de los accesos a los centros escolares y en un 43% de los parques infantiles. También sabemos que una colilla apagada continúa desprendiendo un 14% de la nicotina que emite el cigarrillo encendido durante, al menos, 24 horas.

Impacto del humo ambiental del tabaco en menores

El humo ambiental del tabaco afecta a los menores que están expuestos a él aumentando un 50 % los casos de otitis, un 20% las crisis asmáticas y un 30% las infecciones respiratorias. El tabaco también se relaciona con el 10% de los casos de muerte súbita del lactante y multiplica el riesgo de cáncer de pulmón y de cavidad oral en el futuro, así como de enfermedades coronarias y respiratorias.

Además, una de las grandes consecuencias de exponer a niños y niñas al tabaco es normalizar su consumo y, por ende, aumentar las probabilidades de consuman tabaco en el futuro. Actualmente, la edad media de iniciación en el consumo de tabaco es de 14,1 años. Pese a ello, 9 de cada 10 fumadores lo hace delante de menores.

Las cifras de consumo de tabaco en adolescentes siguen siendo muy preocupantes, pero actualmente destaca la feminización del consumo en edades más tempranas, superando las chicas a los chicos en todas las franjas de edad menores de 18 años. Más de 2 de cada 10 chicos y una cuarta parte de las chicas han consumido tabaco en el último mes, según el último informe de ‘Impacto del cáncer en España’ elaborado por el Observatorio de la Asociación Española Contra el Cáncer y presentado en febrero de 2022.

Una generación sin tabaco

En España está prohibido fumar en multitud de lugares, prácticamente cualquier espacio cerrado cuenta con la prohibición del tabaco, pero hay más diferencias en lo que se refiere a espacios públicos al aire libre. La actual legislación prohíbe fumar en centros educativos (interiores, exteriores, accesos y zona circundante), centros sanitarios (prohibido fumar en todo el recinto, interior o exterior) o parques y zonas infantiles de juego, donde no se puede fumar en todo el recinto acotado para este fin.

Sin embargo, no está prohibido fumar en:

  • Playas, parques y zonas verdes
  • Campus universitarios
  • Estadios de fútbol e instalaciones deportivas al aire libre
  • Plazas y espacios públicos al aire libre
  • Marquesinas y paradas de transporte público que estén al aire libre

Entre los grandes objetivos de la Asociación Española Contra el Cáncer está el conseguir que en 2030 tengamos la primera generación libre de humo del tabaco. Para ello necesitamos que se amplíe la legislación vigente para que contemple más espacios públicos de convivencia común libres del humo del tabaco, especialmente en aquellos donde haya menores (playas, espacios deportivos, terrazas, piscinas…).

Además, es necesario trabajar para desnormalizar el tabaco y así reducir su consumo, en especial, entre los más jóvenes. Reducir el impacto del cáncer pasa por evitar que la población comience a exponerse a factores de alto riesgo. Pero este es un objetivo a largo plazo. De forma más inmediata, proteger a los menores y a la población adulta en general pasa, indudablemente, por permitirles estar en entornos seguros. Es decir, ampliar los espacios sin humo a otras zonas, especialmente aquellas frecuentadas por menores de edad.

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