Índice de contenidos

  • ¿Qué es el linfedema y por qué surge?
  • ¿Quién tiene más riesgo de padecer linfedema?
  • ¿Cuáles son los síntomas del linfedema?
  • ¿Cómo puede ayudar el ejercicio a prevenir el linfedema?
  • ¿Cómo puede ayudar el ejercicio a tratar el linfedema?
  • ¿Qué modalidades se pueden incorporar a la rutina de ejericios?
  • Conclusión
  • Preguntas frecuentes
  • Tras un cáncer de mama tratado con cirugía en la axila para extirpar los ganglios o nódulos linfáticos, existe un riesgo de desarrollar linfedema de hasta un 10%. Si además de la cirugía, se recibe radioterapia en la axila el riesgo se incrementa hasta el 20-25%. 

    El tiempo de aparición puede variar en cada persona, manifestándose a las pocas semanas o en años, aunque el 75% de los casos aparecen durante el primer año tras la cirugía. 

    A pesar de que el linfedema puede ser una complicación importante, el ejercicio físico, adaptado y supervisado, puede ayudar a prevenirlo y controlarlo.

    ¿Qué es el linfedema y por qué surge?

    El linfedema es el edema generado por la acumulación de la linfa, suele desarrollarse en brazos o piernas después de pasar por cirugías y radioterapia axilar. Estos procesos alteran la red de vasos linfáticos y dificultan el drenaje de la linfa.

    El sistema linfático es clave para mantener el equilibrio de líquidos y defendernos de infecciones. Cuando este sistema se daña, ya sea tras pasar por un proceso oncológico o por una infección, puede alterarse el drenaje linfático y acumularse líquido en la zona afectada, afectando a la vida diaria y generando limitaciones en la movilidad.

    ¿Quién tiene más riesgo de padecer linfedema?

    El riesgo de desarrollar linfedema en una persona en concreto es impredecible, aunque lo más frecuente es por causa de procesos oncológicos como:

    • Cirugía para extirpación de los nódulos linfáticos axilares. El riesgo es de hasta un 10%. 
    • Radioterapia sobre la axila. El riesgo incrementa hasta el 20-25%.
    • Infección postoperatoria.

    El estilo de vida también juega un papel muy importante, los siguientes factores pueden repercutir en la aparición de linfedema:

    • Obesidad y sedentarismo.
    • Vicios posturales, compensación muscular o sobresolicitación muscular y/o articular.
    • Prendas de vestir o joyas que compriman.

    ¿Cuáles son los síntomas del linfedema?

    • Sensación de rigidez o pesadez en la extremidad afectada.
    • Dolores o molestias.
    • Endurecimiento y aumento del grosor de la piel.
    • Dificultad para mover la parte del cuerpo afectada.
    • Infecciones frecuentes.

    El linfedema no suele desarrollarse de forma brusca, por lo que los primeros síntomas pueden ser la sensación de pesadez en el brazo o endurecimiento de algunas zonas del mismo. Conocer estos primeros síntomas puede evitar el agravamiento posterior del linfedema, ya que permite implantar un tratamiento precoz. 

    ¿Cómo puede ayudar el ejercicio a prevenir el linfedema?

    El movimiento es un aliado fundamental en la prevención de la aparición de linfedema:

    • Empieza con actividades aeróbicas suaves como caminar, bicicleta estática o elíptica.
    • Combínalas con ejercicio de fuerza de baja intensidad. Trabaja siempre de forma secuencial, empieza por los músculos más cercanos al tronco y avanza hasta la extremidad afectada.
    • Consulta con tu equipo médico si te recomienda usar una prenda de compresión durante el ejercicio.

    Lo recomendable es empezar pronto, desde el primer mes tras la cirugía (siempre con supervisión médica) y de manera progresiva.

    ¿Cómo puede ayudar el ejercicio a tratar el linfedema?

    Si tienes linfedema, el ejercicio también es muy beneficioso. Siempre y cuando esté adaptado a cada persona y guiado por un fisioterapeuta oncológico.

    • Combina ejercicio aeróbico con ejercicios de fuerza, para así mejorar el bombeo linfático.
    • Se recomienda trabajar con cargas moderadas, de una a tres veces por semana.
    • Siempre presta atención a cualquier reacción para consultar con tu fisioterapeuta y revisar el plan.

    ¿Qué modalidades se pueden incorporar a la rutina de ejercicios?

    • Ejercicios funcionales. Ayudan con la movilidad, la conciencia corporal y la respiración.
    • Ejercicio adaptado en medio acuático. La presión del agua y el movimiento favorece el drenaje.
    • Estiramientos suaves y respiración diafragmática. Es un buen complemento al drenaje linfático manual y puede aliviar la sensación de pesadez.

    Conclusión

    El linfedema puede aparecer a causa de una cirugía o radioterapia de cáncer de mama. Incorporando actividades aeróbicas suaves y ejercicios de fuerza, siempre adaptados, progresivos y supervisados, es posible prevenirlo o controlarlo, mejorando tu calidad de vida.

    Si todavía no tienes linfedema, moverte desde las primeras fases del tratamiento oncológico, puede marcar la diferencia en la prevención. Y si ya lo padeces, una rutina adaptada, constante y acompañada por fisioterapeutas especializados puede ayudarte en tu día a día.

    Mira este vídeo práctico con una rutina sencilla para que puedas incorporarlo en tu día a día.

    Preguntas frecuentes sobre linfedema y ejercicio

    ¿Puedo hacer ejercicio si ya tengo linfedema?

    Sí. Es recomendable, siempre con pautas adaptadas y supervisadas.

    ¿Qué tipo de ejercicio es mejor?

    Una combinación de ejercicio aeróbico (caminar, bicicleta estática, elíptica) y de fuerza suave.

    ¿Necesito prenda de compresión para ejercitarme?

    Si tu equipo médico lo indica, úsala durante la actividad.

    ¿El ejercicio en agua ayuda?

    Sí, la presión del agua favorece el drenaje linfático, pero no es equivalente al abordaje terapéutico habitual del linfedema, que se basa en esa Terapia Descongestiva Compleja (TDC) que se compone de: drenaje linfático manual, vendaje, ejercicio y educación terapéutica.