Cuando una persona recibe el diagnóstico de cáncer, lo habitual es pensar en el próximo paso, el tratamiento: cirugía, quimioterapia o radioterapia. Sin embargo, hay que tener en cuenta que, en algunos casos, el propio cáncer o sus tratamientos pueden afectar también al cerebro.
Durante años se asumió que, en enfermedad avanzada o metastásica, el reposo era lo más adecuado. Muchas personas siguen pensando que, dadas las circunstancias, es un momento inadecuado o poco seguro para realizar actividad física. Sin embargo, hoy sabemos que esto no es así.
Durante el cáncer y sus tratamientos, nuestro cuerpo necesita más energía y proteínas. Estos nutrientes ayudan a mantener la fuerza, conservar el músculo, favorecer la recuperación y tolerar mejor tratamientos.
El cáncer es uno de los grandes retos de nuestro tiempo, no solo por su impacto en la salud pública, sino por todo lo que implica en la vida de las personas con cáncer: incertidumbre, cambios en la rutina y consecuencias en el trabajo, la familia y el bienestar emocional. En España, cada año se diagnostican casi 300.000 casos nuevos, una tendencia al alza.
El cáncer es una enfermedad compleja y multifactorial. En su desarrollo, intervienen factores no modificables y otros sobre los que sí podemos actuar.
Algunos tipos de cáncer tienen un componente hereditario, como puede ocurrir, por ejemplo, con el cáncer de mama, ovario o páncreas, pero la gran mayoría de los cánceres están relacionados con la exposición a ciertos hábitos de riesgo o exposición a agentes carcinogénicos.