Índice de contenidos

  • ¿Qué necesidades reales hay detrás del proyecto BlaDimiR?
  • ¿Cómo impacta la voz de los pacientes?
  • ¿En qué punto se encuentra el proyecto?
  • Cuando ayudas, también investigas
  • En el marco del Día Mundial de la Investigación en Cáncer (WCRD, por sus siglas en inglés), que se celebra cada 24 de septiembre, desde la Asociación Española Contra el Cáncer queremos destacar cómo el paciente debe estar presente en el proceso de investigación, no solo como receptor sino también como demandante o agente clave, para incorporar una mirada más real.

    La investigación nace de una necesidad real: mejorar la vida de los pacientes. En el caso concreto de las personas diagnosticadas de cáncer de vejiga, se someten a largos tratamientos y a multitud de pruebas invasivas y dolorosas para hacerles seguimiento de cómo evolucionan. Estos métodos de tratamiento y evaluación pueden llegar a afectar a su bienestar. 

    De esa demanda surge el proyecto de investigación BlaDimiR, liderado por el Dr. Cristian Suárez y la Dra. Marta G. Dueñas de la Unidad de Oncología Molecular y Traslacional del Departamento de Innovación Biomédica CIEMAT-I+12 (CIBERONC), y con un objetivo claro: desarrollar una prueba no invasiva que permita diagnosticar, hacer seguimiento y predecir la respuesta a los tratamientos de las personas con cáncer de vejiga a partir de un análisis de orina.

    ¿Qué necesidades reales hay detrás del proyecto BlaDimiR?

    “Los pacientes con cáncer de vejiga piden sobre todo reducir las pruebas invasivas como la cistoscopia, a la que se someten de forma repetitiva y prolongada en el tiempo, que resulta incómoda y genera mucha ansiedad. Además, necesitan contar con herramientas que anticipen si un tratamiento funcionará o no.”, nos explica el Dr. Suárez.

    La alta recurrencia de la enfermedad, el 70% de los pacientes recaen en menos de 5 años, obliga a revisiones frecuentes, habitualmente entre 10 y 30 cistoscopias en 5 a 10 años. Se trata de un procedimiento doloroso al tener que visualizar la vejiga introduciendo una pequeña cámara y que puede causar infecciones y malestar psicológico.

    Después de la cirugía, el tratamiento más habitual consiste en administrar en la vejiga una vacuna (la vacuna BCG usada para la tuberculosis) que activa el sistema inmunitario del paciente y lo atrae hasta el tumor. Se trata de un procedimiento doloroso, que puede durar bastantes meses y que no es igual de eficaz en todos los casos, de ahí la necesidad de contar con métodos que ayuden a predecir qué pacientes responderán y cuáles no.

    El proyecto BlaDimiR responde directamente a esa demanda: Un simple análisis de orina capaz de diagnosticar y hacer seguimiento con mayor precisión que la cistoscopia, evitando así el proceso doloroso y posible impacto emocional del paciente. Este método podría sustituir parte de esas pruebas y saber si el tratamiento va a ser eficaz en el paciente, evitando someterlo a terapias ineficaces, ahorrando el impacto que ello conlleva, y pudiendo comenzar cuanto antes con otras alternativas de tratamiento.

    ¿Cómo impacta la voz de los pacientes?

    Desde la Asociación, a través de programas como el Patient Advocacy, acercamos la realidad de los pacientes a la ciencia. Contamos con la voz de los pacientes para tener así una visión más real y cercana de sus necesidades clínicas, ayudando a la evaluación de las solicitudes, identificando nuevos retos y seleccionando aquellos proyectos de mayor impacto para las personas con cáncer.

    “Los pacientes son quienes mejor conocen el impacto de la enfermedad y de los tratamientos en su vida diaria. Incluir su voz en la investigación nos ayuda a priorizar lo que realmente importa, a veces más allá de lo que se ve en una estadística o en un laboratorio. Programas como el Patient Advocacy acercan la investigación a la realidad y permiten que proyectos como BlaDimiR, se diseñen de forma más humana, con un impacto directo en la calidad de vida de quienes están detrás de cada diagnóstico” nos confirma la Dra. Dueñas.

    Además, para el equipo investigador, recibir el apoyo de asociaciones como la nuestra supone una motivación añadida: “Cuando una asociación de pacientes confía en tu proyecto, sientes muy de cerca que tu trabajo está directamente ligado a sus necesidades y esperanzas. No se trata solo de avanzar en ciencia, sino de responder a un problema real que afecta a miles de personas y familias (…) Se genera un compromiso emocional y social muy fuerte: trabajamos para ellos y con ellos.” afirma el Dr. Suárez.

    Esa cercanía con los pacientes se refleja también en la forma de trabajar. Desde el inicio del proyecto, el equipo ha recogido y procesado muestras de orina en cinco hospitales españoles, asegurando el máximo rigor científico y ético, y ha implicado a urólogos, equipos administrativos y, sobre todo, a los propios pacientes, que participan voluntariamente en el estudio.

    ¿En qué punto se encuentra el proyecto?

    El proyecto BlaDimiR se encuentra en una fase avanzada de validación preclínica y en pacientes, lo que conocemos como innovación. Los resultados preliminares son muy prometedores y ya se ha creado la spin-off Danae Urogenomics, una empresa biotecnológica para acelerar la transferencia de esta tecnología a los hospitales.

    A medio plazo, el uso habitual de este análisis en hospitales podría:

    • Reducir drásticamente el número de cistoscopias necesarias.
    • Predecir qué pacientes responderán al tratamiento con la vacuna BCG, el tratamiento más habitual.
    • Mejorar la calidad de vida de miles de personas.

    Cuando ayudas, también investigas

    “Este estudio no sería posible sin el apoyo de la Asociación Española Contra el Cáncer. (…) Pero, sobre todo, nuestro mayor agradecimiento es para los pacientes que han decidido participar de forma voluntaria, dando su consentimiento expreso. Sin su generosidad, compromiso y confianza, este proyecto no sería posible.” subraya el Dr. Cristian Suárez.

    Desde la Asociación, seguimos impulsando investigaciones que respondan a las demandas de los pacientes, porque su voz es el motor que guía la ciencia hacia un futuro con más esperanza.