La exposición inadecuada de nuestra piel al sol aumenta el riesgo de aparición de daños, como las quemaduras, lo que supone un riesgo elevado de desarrollar un melanoma o cualquier otro tipo de cáncer de piel. Debemos entender que todas las pieles van a sufrir daño con la exposición solar y pueden desarrollar un cáncer, pero hay pieles especialmente sensibles al daño del sol, como es el caso de los niños, personas de piel sensible o aquellas que tienen un fototipo más bajo.

El cáncer de piel es fácilmente prevenible si tomamos las medidas adecuadas de protección frente a la radiación UV. Para evitar generar este daño, tenemos varias maneras de protegerla. En primer lugar, evitando la fotoexposición (permanecer en interiores o a la sombra es la mejor protección frente al sol); a través de medidas de fotoprotección química, medidas físicas y otros factores que pueden ayudar a mejorar la protección de la piel, como la fotoprotección oral.

Fotoprotección química: protectores solares

La radiación ultravioleta es la principal causa de desarrollo de un cáncer de piel. Existen multitud de fotoprotectores solares en el mercado, pero ¿conocemos cuáles son las diferencias? ¿Cuál es el que mejor funciona para nuestro tipo de piel? ¿Es suficiente con usar crema solar?

El fotoprotector solar tiene como objetivo protegernos de las radiaciones solares y prevenir cualquier daño asociado en las células de nuestra piel. Son productos que contienen una serie de sustancias que actúan como filtros y ayudan a detener, reflejar o disipar la radiación solar.

Podemos encontrarlos en diferentes formatos: emulsión, geles, cremas, sprays, barra o stick; incluso algunos también se acompañan con pigmentos que dan color a nuestra piel.

Dentro de los fotoprotectores solares, existen dos tipos de filtros: los físicos o minerales y los químicos.

Filtros físicos:

También conocidos como filtros minerales o inorgánicos, actúan dispersando o reflejando la luz solar. De esta manera, evitan que las radiaciones ultravioletas penetren en nuestra piel y generen el daño. Los filtros más habituales son el óxido de zinc, dióxido de titanio y óxido de hierro. Además de su capacidad para reflejar la luz UV, muchos de estos filtros también son capaces de controlar la luz visible y la infrarroja.

Estos filtros no se absorben. Por esta razón, suelen dejar un residuo blanco sobre la piel, a modo de capa protectora. Aunque cada vez más se están mejorando estos filtros para conseguir que el acabado sea más natural, lo que lo hará más aceptable para la población general.

Este tipo de filtros son los más adecuados para personas con piel sensible, niños menores de 3 años y pieles que han sufrido algún daño, como es el caso de las cicatrices o pieles que se han sometido a algún tratamiento.

Filtros químicos:

También llamados filtros orgánicos, son un conjunto de sustancias que absorben la radiación UV, captan la energía y la transforman en otra con una longitud de onda menor.

Dependiendo del filtro que se utilice, filtrarán uno u otro tipo de radiación (rayos UVA, UVB o luz visible).
Son filtros con mucha mejor adaptabilidad a la piel a nivel cosmético y no dejan residuos de color.

Filtros mixtos:

Se obtienen al mezclar filtros químicos y físicos, de tal manera que se mejora el rendimiento y se consigue así mejorar el carácter cosmético de los filtros físicos o minerales. Muchos de los fotoprotectores del mercado ya tienen esta formulación.

Otros compuestos biológicos:

No son filtros por sí mismos, sino que son sustancias que se agregan a los fotoprotectores para mejorar sus características, por ejemplo, ayudando a frenar el daño oxidativo producido por la radiación. Dentro de estos encontramos sustancias como las vitaminas A, C y E.

¿Qué es el factor de protección?

Indica la eficacia protectora que tiene un filtro frente a las radiaciones UVB. Por ejemplo, si la piel de una persona, al exponerse a la radiación solar, genera eritema o enrojecimiento tras 10 minutos de exposición al sol, un filtro de protección 30 multiplicaría por 30 la protección en tiempo de exposición antes de que aparezca ese eritema (es decir, 300 minutos).

Lo ideal es buscar un fotoprotector que tenga un alto factor de protección, ya que así nos aseguramos de que nuestra piel está protegida durante más tiempo.

Fotoprotección física:

Se consideran medidas físicas de protección todas aquellas medidas que, mediante una barrera de protección física, minimicen o eviten el daño de la radiación solar sobre la piel.

Sombreros de ala ancha:

Deben tener un ancho de ala suficiente, entre 7 y 10 cm de ala, para cubrir adecuadamente la cara, incluyendo barbilla, orejas y cuello.

Ropa protectora:

Ropa que cubra la piel, como pantalones largos y ropa de manga larga. Se consideran protectores si cumplen con los criterios de factor de protección UPF. Siempre se recomiendan tejidos con UPF alto.

Gafas de sol:

Debemos proteger los ojos de la radiación solar mediante gafas de sol con cristales homologados y aptos para la protección UVA y UVB (idealmente UV400).

Fotoprotección oral:

Son varias las sustancias que están empezando a mostrar resultados prometedores sobre la protección de la piel, como es el caso de Polypodium Leucotomos, que ha demostrado beneficios sobre la disminución del eritema solar. Otras sustancias que también están demostrando tener resultados interesantes han sido algunas vitaminas, carotenoides y polifenoles, que agregados a la formulación potencian el cuidado de la piel frente al sol.

Recomendaciones generales:

  • Debemos mantenernos a la sombra en horarios de mayor intensidad de radiación solar (11-17 h).
  • El uso del fotoprotector solar debe ser diario si vamos a estar en exteriores.
  • La recomendación es aplicar aproximadamente 2 mg/cm², lo que puede corresponder con un vaso de chupito.
  • Es recomendable siempre usar la máxima protección (FPS 50 o superior) para asegurar la protección durante más tiempo.
  • Es importante reaplicar el protector solar cada 2 h mínimo y adelantarse si ha habido una alta transpiración, baño o roce.
  • Es importante aplicar fotoprotector en todas las zonas expuestas, sin olvidar zonas como orejas, detrás del cuello, parte posterior de las piernas, empeines, manos y pies.
  • La cabeza debe cubrirse con sombrero de ala ancha y los ojos con gafas de sol homologadas.
  • Siempre que sea posible se recomienda utilizar ropa de protección solar, especialmente si vamos a pasar tiempo expuestos al sol, en baños largos, deportes acuáticos o cualquier otra actividad que requiera una exposición solar más prolongada de lo habitual.
  • En caso de trabajadores que desempeñan su actividad al aire libre, la protección solar debe ser obligatoria, tanto con medidas físicas como químicas, y siempre que sea posible, se desempeñará el trabajo a la sombra (si no puede ser natural, se creará con una sombrilla, toldo o similar).
  • Se deben extremar las precauciones en el caso de los niños. No exponerlos al sol en horas de mayor intensidad, mantenerlos siempre que sea posible a la sombra y usar medidas de protección físicas y químicas adecuadas.