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Cuando una persona a la que queremos está en sus últimos días, es natural sentir un torbellino de emociones: tristeza, miedo, incertidumbre e incluso impotencia. Como familiares, queremos hacer todo lo posible para que se sienta acompañada y en paz, pero muchas veces no sabemos cómo actuar.  

¿Qué es el final de vida?

El final de vida comprende las etapas finales de la vida de una persona, generalmente, cuando padece una enfermedad terminal o crónica que no tiene cura y cuya evolución es irreversible. Durante esta fase, el pronóstico de vida es limitado, aunque la duración puede variar en función de la enfermedad y de la propia persona.     

¿Cómo acompañar a un ser querido en el final de la vida?

Respetar sus deseos

Es fundamental conocer y respetar los deseos de vuestro familiar, especialmente respecto a su tratamiento médico, sus rutinas y su entorno. En algunos casos, la persona puede haber dejado un documento de voluntades anticipadas o testamento vital. En ese caso, conviene revisarlo y respetar lo que en ese documento ha expresado. Si no existe ese documento, aún estáis a tiempo de hablarlo con esa persona ,con calma, sinceridad y cariño, siempre que sea posible. Si ha expresado cómo le gustaría pasar sus últimos días, procurad que el espacio y los cuidados se ajusten a sus preferencias. Esto incluye quién la visita, qué tipo de atención quiere recibir, qué quiere o no hacer. 

Estar presentes

A veces, lo que más necesita una persona al final de su vida es simplemente la presencia de sus seres queridos. Escuchar sin juzgar ni poner “peros”, sin interrumpir y sin intentar arreglar o cambiar lo que siente es fundamental. Dejar espacio para que exprese emociones, miedos o recuerdos. Puede ser un momento en el que desee hablar sobre su vida, sus logros y lo que ha dejado atrás. En estas ocasiones, el simple acto de estar, escuchar y mostrar empatía es todo lo que necesita para sentirse segura y en paz. Si por el contrario no quiere hablar o no puede hacerlo, no pasa nada. Estar ahí, en silencio, simplemente acompañando, también transmite mucho amor y calma.

No descuidar el contacto físico

El contacto físico, como tomar la mano, abrazar, acariciar o besar, puede resultar muy reconfortante en esos momentos finales. Si tu ser querido está cómodo con ello, los gestos de cariño físico transmiten amor y seguridad.    

Además, si la persona se encuentra encamada, puedes ayudar a que se sienta lo más cómoda posible, ajustando las almohadas, cambiando de posición o asegurándote de que tiene lo necesario para su confort y bienestar. Pequeños gestos, como su música favorita, una luz tenue o un aroma que le guste también pueden contribuir a su comodidad en estos momentos. 

Dar espacio para la despedida

Si surge el momento, podéis aprovechar para despediros, decir lo que sentís, dar las gracias, o incluso pedir perdón o perdonar. A veces, unas palabras sinceras pueden traer mucha paz y tranquilidad.

Cuidaros como familia

Es normal sentir tristeza, enfado, miedo o incluso culpa. Estas emociones forman parte del proceso. Por ello, no olvidéis cuidar de vosotros también y cuidar de los otros miembros de la familia. Acompañar a un ser querido en esta etapa puede ser física y emocionalmente agotador. Es importante apoyarse mutuamente, repartir responsabilidades y pedir ayuda a profesionales cuando lo necesitáis. Esto es esencial para poder seguir ofreciendo acompañamiento a vuestro ser querido.

Recuerda ser amable y paciente contigo mismo, lo estás haciendo lo mejor que sabes y puedes. 

Desde la Asociación Española Contra el Cáncer queremos ofrecerte nuestro apoyo. Si el malestar emocional y las preocupaciones se mantienen o son muy intensas: no dudes. Podemos ayudarte. Llama gratis al 900 100 036, disponible 24 horas, 365 días, o accede a nuestros servicios totalmente gratuitos a través del apartado “Te ayudamos” de nuestra web.